Síndrome premenstrual… ¿De verdad existe?

Pues parece ser que sí.

Ya los antiguos griegos creían que el aparato genital femenino causaba periódicamente cambios de comportamiento en las mujeres, llevándolas en ocasiones a la locura.
De hecho la palabra “histeria” proviene de la palabra griega que significaba “útero”.

Digamos que esta creencia de los griegos era bastante exagerada, pero existir… existe.

Y fue definido por primera vez como síndrome médico por Robert Frank en 1931.

Si el síndrome premenstrual  existe… ¿qué es?

Es ese conjunto de sensaciones físicas o emocionales que puedes experimentar entre la ovulación y la regla, es decir desde una o dos semanas antes del período hasta uno o dos días después de que comience el sangrado.

Y esta es su característica fundamental: que los síntomas desaparecen una vez comienza la menstruación.

Si sabes de qué estoy hablando, seguramente estás entre el 85 % de mujeres en edad fértil que experimentan el síndrome premenstrual. Suele empeorar con la edad, por encima de los 30 años, y desaparece con la menopausia, el embarazo o cualquier circunstancia que anule el ciclo ovulatorio.

La mayor parte de las veces estas molestias no te impiden llevar una vida normal, pero un 7% de las mujeres entre los 15 y 49 años las sufren de forma más grave hasta tal punto que no pueden realizar su actividad habitual, llegando a causar bajas laborales de 8 días al año en promedio.

Existe una forma muy grave que es el Síndrome Disfórico Premenstrual con alteraciones principalmente psiquiátricas, del que no hablaremos aquí.

¿Cuáles son exactamente los síntomas del síndrome premenstrual?

Se han descrito entre 150 y 200 diferentes, pero seguro que los más leves y habituales los conoces bien.

Los síntomas emocionales más frecuentes son cierta irritabilidad, ansiedad y cansancio, sentir que las cosas te afectan más, dificultad para concentrarte y pérdida de interés social.

Afortunadamente están muy lejos de lo que describía en los años 70 la ginecóloga Katharina Dalton (la primera que propuso tratar el síndrome) quién sostenía que las mujeres eran más propensas al delito y al suicidio en los días previos a la menstruación.

Incluso fue testigo de la defensa de dos juicios muy sonados: el de Sandie Smith, una camarera de 29 años que acuchilló a otra camarera y el de Christine English de 27 años que atropelló a su amante hasta matarlo.

En los dos casos se consideró que el síndrome premenstrual era un atenuante y las penas fueron mucho menores de las que correspondían.

Actualmente no se considera que los cambios hormonales lleven a las mujeres a a mostrarse “con pobre juicio” y convertirse en “fieras salvajes” como afirmaba la ginecóloga antes citada.

Y entre los síntomas físicos encontramos la sensación de tener el abdomen hinchado, tensión en las mamas, retención de líquidos, aumento de peso, dolor muscular o de cabeza y alteraciones del sueño y del apetito.

Algo sorprendente es que algunas mujeres notan cambios positivos en vez de negativos: más energía e interés y se encuentran más relajadas y hasta con mejor cara en los días previos a la regla.

¿Y cuál es la causa de todas estas alteraciones cíclicas?

No se conoce.

Parece un problema hormonal, pero los estudios no han podido mostrar diferencias entre el nivel de hormonas de las mujeres que padecen el síndrome y las que no.
Por tanto se supone que las mujeres más afectadas tienen una especial sensibilidad para el mismo nivel de hormonas.

Existen unos medicamentos usados para tratar la depresión que aumentan la cantidad de una sustancia llamada serotonina que produce el cerebro. Estos medicamentos mejoran los síntomas del síndrome premenstrual, por tanto se cree que la serotonina también está en su base fisiopatológica.

¿Cómo se diagnostica el síndrome premenstrual?

Como no pueden demostrarse alteraciones físicas o bioquímicas el diagnóstico está rodeado de cierto recelo.

A esto se une el que las mujeres asumen las molestias como normales e inevitables desde hace siglos y no acuden al médico.

Y algunos médicos tampoco prestan la debida atención ni prescriben ningún tratamiento por la misma razón: es algo “normal”.

Pero si crees que puedes padecer un síndrome premenstrual que te impide hacer tus actividades diarias, lo lógico es pedir ayuda profesional.

La afectación de la vida diaria es un criterio fundamental a valorar. Tiene que haber un deterioro de las relaciones familiares, sociales, laborales y en la actividad sexual para poder hablar de síndrome premenstrual.

La única manera de llegar al diagnóstico es basarse en la descripción de los síntomas que haces tú misma, pero son necesarios algunos pasos previos como hacer la historia completa, una exploración física y las pruebas que permitan descartar otras enfermedades con síntomas parecidos.

Es muy importante que lleves un registro de todas las molestias y su intensidad durante al menos dos meses consecutivos y mejor si son tres, día a día, para comprobar que aumentan en la fase premenstrual y que hay días del mes en que no aparecen.

Esta es la clave del diagnóstico.

Una tabla de este tipo puede ayudarte a anotar los síntomas:

FECHA
 DIA  1  2  3  …  …  29  30  31
 irritabilidad
 ansiedad
 nerviosismo
 cansancio
 insomnio
 migraña
 ….
 otros

Debes anotarlos todos y especificar si son leves, moderados o intensos, dejando en blanco la casilla si un día no los padeces. Anota también con una “M” los días en que tienes la regla.

¿Existen factores de riesgo o que puedan agravar el síndrome premenstrual?

El estrés, ciertos rasgos de personalidad, factores genéticos y nutricionales se han relacionado con este conjunto de síntomas.

Algunas teorías sostienen que si desde joven recibes de las mujeres mayores que te rodean mensajes negativos sobre la menstruación es más probable que lo padezcas.
Lo mismo ocurre si padeces depresión o has tenido depresión postparto.

Algunos estudios realizados con gemelas apuntan a una predisposición genética.

En cuanto a la nutrición, parece ser que suplementos de calcio y magnesio ayudan a aliviar los síntomas. No hay acuerdo con respecto a otros suplementos vitamínicos, por ejemplo la vitamina E mejora los síntomas según unos estudios pero no según otros.

Lo mismo ocurre con los carbohidratos. Para algunos autores son beneficiosos, para otros son perjudiciales.

El tabaco parece empeorar los síntomas.

¿Cómo se trata?

No conocemos qué lo causa, luego no podemos tratar la raíz del problema. Pero sí se puede aliviar.

En los casos leves, que son la inmensa mayoría, algunos cambios en el estilo de vida pueden ayudarte.

Y estos cambios son de los que siempre oyes hablar cuando se trata de salud: hacer ejercicio con regularidad, una dieta sana evitando el alcohol, la cafeína y el exceso de sal, dormir lo suficiente, no fumar.

Muchas mujeres manifiestan una mejoría simplemente llevando un diario de los síntomas.

Las terapias alternativas se usan bastante, debido a la buena acogida por parte de las pacientes. Pero estos tratamientos rara vez se someten a ensayos clínicos controlados que demuestren su eficacia.

La acupuntura y la homeopatía, por ejemplo parecen mejorar algunos síntomas, pero los estudios no muestran conclusiones firmes.

Las hierbas medicinales como el “árbol casto” – se llama así porque lo usaban los monjes para ayudarlos a mantener su celibato- el ginkgo biloba o el aceite de onagra se han utilizado también. Los tres han mostrado resultados positivos en algunos casos, sobre todo reduciendo la hinchazón de las mamas, pero la calidad de los estudios y el número de pacientes no permiten estar seguros de su eficacia. De hecho, para el aceite de onagra la evidencia sugiere no recomendar su uso.

Los suplementos vitamínicos o de minerales tampoco ofrecen resultados concluyentes, excepto el suplemento de calcio a dosis de 1200 mg/día que es eficaz en algunas pacientes.

En cuanto a los fármacos, se ha estudiado una amplia variedad de ellos desde que la doctora Katharina Dalton empezó a usar la progesterona, medicamento que probó en ella misma.

Si con los cambios en el estilo de vida no consigues mejoría, tu médico te propondrá diferentes tratamientos.

Los fármacos que se han demostrado más eficaces son un tipo de anticonceptivos orales que contienen drosperinona. Si no deseas quedarte embarazada, y tus síntomas son graves, seguramente éste será el primer tratamiento a probar.

Tu médico puede optar también por los medicamentos que aumentan el nivel de serotonina y que generalmente se usan como antidepresivos.

E incluso combinar los anticonceptivos orales con los antidepresivos.

Otros medicamentos pueden mejorar algunos síntomas, como los diuréticos o los analgésicos tipo ibuprofeno, pero en general no son suficientes en los casos más difíciles.

En contadas ocasiones y en casos muy graves se ha llegado a extirpar los ovarios como tratamiento de este síndrome, que como hemos aprendido, existir… existe.

La foto que acompaña es Undressing while in bed» by c. kennedy garrett.

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